El gobierno de Alan García ha marcado un nuevo punto de inflexión a lo largo de su carrera . Primero fue el seguidor asiduo del antiimperialismo, detractor del libre mercado y manipulador de precios, luego se disfrazó de neoliberal amante del libre mercado, propulsor de acuerdos comerciales y ahora le da unas pinceladas rojas a su último disfraz tomando el papel de descentralizador y ecuménico aunque claro: Obligado o por conveniencia.
Este fenómeno político no es exclusivo de Alan García, ni mucho menos peruano, de un tiempo a esta parte ocurre en todo el mundo: los partidos de izquierda gobiernan con ideas de derecha, los partidos laborales son más liberales que los promotores del Consenso de Washington, y ni qué decir de los partidos del centro que para afirmar su centrismo forman coaliciones con todos como si en la política se aplicara la matemática y existiera un promedio. Claros ejemplos de esta situación son el Partido Comunista Chino y "La concertación (o la media) chilena".
Una explicación a este fenómeno, nos la puede dar la teoría del votante mediano, que nace de la teoría de la imposibilidad de Arrow (pero ese es otro tema), en resumen, aquella teoría afirma que los políticos para en las elecciones tratarán de parecerse lo máximo posible a sus oponentes con la finalidad de ganar aquellos votos que perderían si toman una posición completamente distinta. es por eso que Alan estuvo a favor del libre comercio, al igual que Ollanta y Lourdes, aunque con algunos suaves matices diferenciadores, pero para nada radicalmente distintos a pesar de provenr de partidos ideológicamente diferentes.
¿Esto significa entonces que la ideología, la flosofía y la pasión por las ideas sucumbieron al pragmatismo?, ¿que los mártires y héroes, inclusive los santos, fueron unos tontos dado que si no hubieren tomado posiciones antagónicas habrían obtenido mejores resultados?. Humanamente, espero que no, aunque tampoco se debe vivir en un mundo paralelo y negar que la pérdida de identidad, el afan utilitarista, la homogenización del hombre y la incapacidad de asombro son características innatas del votante mediano, ese, al cual los políticos olvidándose de sus mártires y las doctrinas que apasionaron a sus padres, tratan de conquistar.
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